Manuela Martelli explora los gélidos silencios de la posdictadura chilena en su segundo largometraje.
El deshielo, de Manuela Martelli (2026, Chile, Estados Unidos, España, México, 108 min). Sección oficial Un certain regard del Festival de Cine de Cannes.
No extraña que el cine chileno siga cuestionando su pasado dictatorial, todavía reciente. Manuela Martelli, directora de El deshielo, nació en 1983, aún bajo la dictadura de Pinochet. Dos décadas después interpretaría a Silvana en Machuca (Andrés Wood, 2004), una de las películas más emblemáticas sobre el golpe de Estado chileno. Desde entonces ha construido una sólida trayectoria como actriz, guionista y directora. El deshielo es su segundo largometraje tras 1976 (2002), y en ambas obras, como ocurre en el cine de otros realizadores chilenos, se percibe la voluntad de explorar los cimientos de la dictadura entrecruzando memoria histórica e intimidad.
La película nos traslada a 1992. Inés, una niña de nueve años, nos introduce en la trama. Su familia regenta un hotel de montaña donde se aloja un equipo de jóvenes esquiadores alemanes. Cuando una de ellos, Hanna, desaparece misteriosamente, Inés pasa a ser investigadora improvisada, testigo involuntaria y, ante todo, personaje entrañable omnipresente del relato.
Entre el thriller contemplativo, el coming of age y una suerte de falso cozy murder mystery (con una abuela tan dulce como inquietante), Martelli propone un filme abierto a múltiples lecturas. Las referencias cinéfilas y el cuidado estético dialogan constantemente con la reflexión política: Chile ya no vive bajo una dictadura, pero sistemas así no aparecen ni desaparecen de la nada. Se sostienen sobre complicidades, silencios e injusticias que perduran y que habitan los círculos más cercanos antes de proyectarse sobre la esfera pública.

Comentarios recientes