Hablamos con Caterina Rimelli y Patricia Pastor, cofundadoras de Caja Baja, una cooperativa de reciente creación que presenta este sábado el resultado de su primer proyecto de mediación cultural: La costra pegacosa, un cortometraje de terror creado durante un año junto a la comunidad de Fresnedillas de la Oliva, un pueblo de 1.837 habitantes. La plaza del pueblo se convertirá en una sala de cine donde todos los vecinos podrán disfrutar de la creación colectiva en un estreno sin precedentes. La película está codirigida por Caterina Rimelli y Nino Morante, tercer socio de esta cooperativa que nace con el deseo de impulsar proyectos que fomenten el tejido comunitario a través de experiencias artísticas y educativas.
Entrevista realizada por María Juárez, marzo 2025.
Este sábado es el estreno del cortometraje, ¿qué habéis organizado?
CR.- La convocatoria es, sobre todo, amistosa, vendrá gente cercana y parte del pueblo. Lo que más nos interesa es que vean la película porque son ellos los protagonistas. Hay mucha expectativa. Pero es ir allí, tomarte un café y siempre hay alguien que corre la voz y grita “¡El corto, El corto!” (risas). Tenemos muchas ganas de que lo vea la gente del pueblo porque no es un proyecto personal, es un proyecto que cobra sentido cuando se vive de forma conjunta.
PP.- Se va a poner en una pantalla grande, en la plaza del pueblo.
CR.- ¡Si no llueve!

¿Cómo habéis conseguido llevar el trabajo cooperativo al set de rodaje?
CR.- La estructura del film ha sido jerárquica: hemos respetado la fórmula de cualquier otra peli. Nosotras éramos las directoras y hemos estructurado el trabajo como si fuera una película de verdad: había departamento de cámara, de sonido, de arte… También hemos organizado pruebas de casting, pero, obviamente, fueron un poco un paripé porque no son profesionales (sonríe). Digamos que, la parte más técnica, como equipos, cámaras, sonido y luego, dirección y guión, han sido áreas muy estrictas. Fue fundamental tener una claqueta, que el equipo de cámara fuera profesional, usar pértigas… aunque no siempre funcionaran. El directo tiene sus complicaciones.
Entonces, reformulo la pregunta, ¿cómo se ha entendido la jerarquía en un rodaje de creación colectiva?
CR.- Claro, ahí estuvo la clave. Queríamos intentar involucrar a la gente, pero no de forma amateur. Quisimos simular una estructura profesional, pero claro, de forma lúdica porque la gente es la que participa. Ha sido un experimento. Queríamos hacer un corto con los móviles y justo, coincidió, que muchos amigos y amigas que se dedican a esto han querido sumarse y participar por amor al arte. Ha sido una coincidencia que, construyendo el proceso, se ha ido transformando en híbrido, digamos.
¿Cómo habéis involucrado a Fresnedillas en el proyecto?
CR.- Cada mes, había un día de rodaje y se promocionaba poniendo carteles por todo el pueblo. Intentamos involucrar a las personas en pequeñas tareas. Por ejemplo, el día de rodaje, a una persona se le asignaba el vestuario de una escena y así, montaba un equipillo para trabajar. También hemos hecho talleres que han sido divertidísimos… daba mucho juego el género de terror.

¿Y por qué de terror?
CR.- Queríamos un género lo más cercano al surrealismo, al realismo mágico y digamos, coger elementos típicos del pueblo y transformarlos en metáforas cinematográficas con todos los clichés posibles. Ha sido como un trabajo de plagio consentido para que se pueda reproducir y, a nivel pedagógico, también. Una de las cosas más divertidas que hemos hecho, por ejemplo, son talleres con niños de cómo hacer sangre. Todo nos daba juego para involucrarles y motivar su participación.
¿Cuántos días duró el rodaje?
CR.- Ha sido un año entero de trabajo. Hicimos un plan de rodaje y rodamos unos quince días en total. Intentamos tener uno o dos días de rodaje al mes, según las circunstancias, y según la presencia de los técnicos, de su disponibilidad o no, y dependíamos también de los actores, claro.
¿Qué tal ha sido la experiencia de dirigir a personas del pueblo?
CR.- Ha sido un reto muy bonito porque nadie era profesional. Cada uno se representa, de alguna manera, así mismo. No hay prácticamente diálogos. Los que hay son realistas. Hay charlas, sí, pero dábamos pequeñas pautas. Por ejemplo, en una escena que rodamos en el bar aparece una pareja de rumanos, que es una comunidad muy presente aquí en el pueblo, con un diálogo sobre una receta de cocina rumana. Así logramos credibilidad en ellos, porque no había actuación. Para nosotras, construir un guion sobre algo que se iba construyendo, fue un trabajo complicado. Y un reto. Teníamos un guion muy claro pero que se iba desarrollando al tiempo que el proyecto avanzaba. Ha sido un un Work in Progress.

Hablando de actores, ¿cómo ha sido dirigir a las personas mayores?
CR.- Me haces esta pregunta y pienso en Mari Carmen. Mari Carmen es un personaje muy notorio en el pueblo porque tiene mucho carácter. Y mira, justo, con esta señora, lo que nos pasó es que, cuando hicimos una primera proyección, como un trailer, y no salía, se pilló un enfado… ¡la grabamos, pero no apareció en este primer montaje! La gente tiene muchas expectativas, tienen muchas ganas de verlo. Todas las caras, cuando aparecen, reciben una ovación.
¿Cómo se han acercado hasta el proyecto? ¿el pueblo ha tenido la voluntad de participar desde el principio?
CR.- Cada día de rodaje, en el curso del experimento cinematográfico, aumentaba el número de personas que querían sumarse y participar. Hemos tenido que ganarnos la confianza, pero sí, ha habido un claro crescendo. De hecho, hasta este verano, no fuimos conscientes de las expectativas que estábamos generando.

¿Cómo ha sido el trabajo de localizaciones?
CR.- Muy divertido. Están muy pensadas. Entre Nino y yo, buscamos rincones reconocibles, pero dándole esta magia. Te das cuenta de que estás en el pueblo porque buscamos y rodamos “ese rinconcito que tiene mucha presencia cinematográfica” pero que, cuando alguien lo ve, dice “yo vivo al lado”, pero es cine. Nos lo hemos currado mucho. Al principio, queríamos seguir un dogma para tener pequeñas pautas, retos, para no perdernos en las millones de posibilidades que teníamos y una de ellas fue grabar solo en el pueblo. Pero no, no la cumplimos, porque también salimos a grabar a los alrededores.
Y respecto al vestuario, ¿los actores y actrices participaron en la propuesta?
CR.- No, ahí hemos sido radicales.
Bueno, habéis sido directoras
CR.- Sí, es lo que te comentaba al principio. Esto para nosotros era fundamental. No es un tallercito de cine amateur entre amigos. Es una película de verdad donde hay una jerarquía muy rigurosa que hay que seguir. Porque el cine es esto. Si no, no hubiéramos podido apreciarlo. Esto sí lo teníamos muy claro. Vimos participar a chavales y chavalas que están empezando a tener curiosidad, que no saben qué estudiar y que vivieron la experiencia de estar en un set profesional. Y lo vivieron con más intensidad porque estaban trabajando con gente profesional y ahí sí, ahí sí que hay que hacerlo bien. Les dejamos claro que no estábamos jugando, estábamos haciendo algo de verdad.
¿De dónde nace tu deseo y el de Nino de acercaros a la dirección?
CR.- Ambos vemos el cine como una herramienta de dinamización social y cultural tan potente que nos puede el reto de construir algo que quede ahí, en la gran pantalla, y que parezca “algo de verdad”, cine de verdad. Esto es algo que te atrapa. Es un trabajo intenso, largo, pero puedes abarcar tanta experiencia, sensaciones, metáforas… puedes trasladar la realidad a otra realidad manipulándola con el gesto creativo. Nosotros nos dedicamos al audiovisual desde el diseño. Todo mi entorno pertenece a este mundo y queríamos encontrar un formato que nos diera la oportunidad de involucrar de verdad a la comunidad.

¿Tienes anécdotas del rodaje?
CR.-¡Muchas! Bueno, lo de la vaca muerta… (risas). De repente, estábamos justo en la pausa tomándonos una Coca-Cola en un bar, hacía mucho calor y aprovechamos Nino y yo a echar gasolina. Y yendo nos encontramos por casualidad, ¡una vaca muerta! Y además, es que parecía de resina. Y claro, fuimos a grabarla.
De hecho, prácticamente arranca el corto con un plano de las vacas.
CR.- Sí, sí, lo de las vacas es tremendo. Tenemos mucho material de tomas falsas. Precisamente, en la escena de los scouts, pusimos una carpa al lado de las antenas, ahí colocamos el set y decoramos una especie de campamento scout y, de repente, llegan veinte o treinta vacas y se ponen ahí. Era el único sitio de sombra, y claro, no somos pastores, ¿qué hacemos ahora? (risas)
¿Qué referencias cinematográficas habéis utilizado?
CR.- Teníamos de referencia a Win Wenders, Jim Jarmusch. Hemos replicado a Rossellini, Tarantino… la mayoría de las secuencias tienen una referencia cinematográfica concreta. Hemos intentado reproducir una lectura sintáctica del corto por escenas y resulta muy didáctico por este motivo.

Después de vivir esta experiencia, ¿qué es lo que más os ha sorprendido? ¿con qué os quedáis de esta vivencia?
CR.- Sobre todo, lo que comentábamos antes de los chavales que han participado. Una chica que estaba perdidísima, se apuntó a un módulo de audiovisual. Esto es lo que más nos llena el corazón: que gente joven haya podido vivir una experiencia que le ayude a aclarar algunas ideas de futuro. Para nosotras ha sido un éxito poder darles una vía de futuro, poder aclararle las ideas a alguien tan joven. Y luego todo el mundo, aquí, en el pueblo, está muy agradecido, desde las personas mayores, hasta los niños… somos los directores locos. Hay mucho cariño y nos han arropado mucho. Todas las comunidades también porque la peculiaridad de Fresnedillas es que es un pueblo con muchas nacionalidades.

Lo que parecía que iba a costar, se convirtió con el tiempo en algo imprescindible para el pueblo.
CR.- Sí, total, porque llenábamos las calles de carteles para que todo el pueblo se enterara. Ha habido mucha ilusión porque el pueblo ha vivido dentro de la ficción. También hay una cosa que nos llamó la atención que, a ver cómo te lo digo, se nos han acercado personajes un poco aislados. Y les hemos dado un papel. Un señor que está en una residencia y se ha acercado a nosotros. Personas solas a quienes les hemos dado visibilidad, dándoles un papel y cariño. Gente muy sola se acercó al proyecto de forma natural, sin haberlos llamado nosotras. Hemos sido un imán para este tipo de personas.
Por cierto, ¿cómo apareció el título del cortometraje?
CR.- El nombre viene del líquido pegajoso que aparece en la película. Este líquido verde, que no sabemos qué es, es el latemotiv del corto. Lo de “pegacosa” es un error ortográfico real porque me equivoqué al escribirlo y… decidimos dejarlo así.

Este proyecto es el primer proyecto con este formato, ¿qué reto tenéis después de esta experiencia? ¿qué queréis hacer en un futuro?
CR.- Ahora tenemos muchas ganas de hacer, incluso, una serie. Con La costra pegacosa no ha habido un trabajo de búsqueda de financiación pero, en los proyectos futuros, sí queremos plantearlo. Nos hemos dado cuenta de que es muy jugoso cómo reproducir formatos y darles otro significado, otras lecturas e irá por ahí un proyecto futuro. Aquí, en el pueblo, sería pan comido.
¿Vuestra idea es replicarlo en diferentes territorios?
CR.- Sí, eso sería fantástico.
Pero, de momento, os quedáis en Fresnedillas porque, ¿vosotras vivís en el pueblo?
PP.- Sí, sí, vivimos aquí. Yo llevo 12 años, Nino lleva 13 o 14 y Cate, ¿ocho?
CR.- Sí, ocho o nueve.
PP.- De todas formas, como te decía Cate, hay muchas nacionalidades y muchos pobladores, muchos neorrurales. Hay una comunidad muy variada, gente que ha llegado después y que también está en el corto, y gente de Fresnedillas que ha nacido aquí.
Llegando al final de la entrevista, quería preguntaros cuándo nació Caja Baja y qué os impulsó a crear la cooperativa.
CR.- Caja Baja acaba de nacer, pero nosotras trabajamos juntas hace muchos años.
PP.- Nosotras hacíamos la gráfica de Alcine, el festival de cine de Alcalá de Henares, hasta 2020 que hubo un cambio de dirección. Es un trabajo de nuestro antiguo estudio que se llamaba Triple Salto. Y ahora, que nos hemos juntado con Nino, hemos cambiado de nombre y también de estructura. Ahora somos una cooperativa y hemos ampliado nuestros servicios a la mediación y al activismo cultural.
CR.- La costra pegacosa es el proyecto piloto de la cooperativa.
PP.- Y sigue la filosofía de nuestra cooperativa. Nos llamamos Caja Baja porque la tipografía, cuando no está escrita en mayúsculas, se le llama “caja baja”. Esta expresión viene de los tipos móviles que se utilizaban en la imprenta. Es una manera de hablar en pequeñito, de otra manera, más cercana.
CR.- Sin gritar.
PP.- Sin gritarle a nadie.
+info en: lacostrapegacosa.com
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